30/9/11

T. Rex


MARC BOLAN

Antes de que existiesen, era un tiranosaurio. Si bien su nombre corría en un camión por la utopista de la granja de Maggie. Con apenas una caja de madera y unas cuerdas devoraba lo sucio y lo bello del mundo. Todo de una vez. Su cara tenía tantos colores que la vista no llegaba más allá que la de un perro. Como un arcoiris hecho voz percibía el lado oscuro del sol, los leños brillantes de la luna, y cantaba, nos cantaba, como un verdadero dios a sus dioses, a todos nosotros, a ninguno y a todos.



A Marc Bolan (Londres, 30 de septiembre de 1947 - 16 de septiembre de 1977).


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28/9/11

Debo leer cuentos y poemas



LECTURAS

Debo leer cuentos y poemas. Demasiados. Es mi obligación del día de hoy. No dormí en toda la noche. El motivo era otro, no eran los poemas ni los relatos. Otro. Era. El motivo. Veo carpetas y fotocopias sobre la mesa, una montaña de papeles inauditos. Pero es mi vida la que está en juego.
En el cruce de las calles 471 y 29, firmé con sangre el contrato. Y lo que se firma con sangre si no se cumple termina. Escribo estas palabras con una pistola en mi sien a punto de gatillarse. Debo leer cuentos y poemas y el día no podría presentarse más feliz.



Foto: Robert Jhonson (Misisipi, 1911- 1938)..

27/9/11

Ey



DAY TRIPPER

Ey, tomemos el día, un día solo para nosotros, hace tiempo que te lo propongo, pero las excusas van en aumento. Es solo un día, no lo dejes partir, un pasaje de ida, la vuelta cuando vos quieras. Todo es corto y tu indecisión es larga, ¿acaso no lo deseas?

Ey, regálame un día, será hermoso, será hermoso. Te lo prometo.

Y vos sabés que siempre cumplo mis promesas.


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26/9/11

Desde la edad de piedra


CANCIÓN CLARA


Desde la edad de piedra y adoquines y cuartos vacíos de noches y olores, ando por la calle con un puñal a la cintura. Antes lo tenía apretando tu cuello del lado sin filo, y vos te reías, te reías y me gritabas dale, dale, dale. Los sin filo son los más peligrosos, y lo dejaba caer de punta al suelo de tierra. Lo recogías, ofuscada, y luego lo veía chispear en tus ojos oscuros. Cerraba los míos y cuando los abría ya no estabas, salvo el puñal que escondía entre mis ropas. Después caminaba hacia tu otro mundo, sabiendo que nadie te escribirá una canción clara, evangélica y rosarina.


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25/9/11

Nada se puede quebrar



PIEDRAS

Nada se puede quebrar. Las alas del pájaro moribundo en un rincón del jardín es la piedra del sacrificio que cayó de tus manos. ¿Volará esa piedra? ¿Golpeará la ventana de la habitación? ¿Dormirá entre las sábanas descompuestas de aquel extraño atardecer? La piedra-pájaro se quedará, quieta. Inútil cerrar los ojos imaginándola en la humedad de un trapecio que es solo memoria.



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Foto: Jmp

24/9/11

Dos antes del guiso


ANTES DE IRME A DORMIR


No puede ser. No, no puede haber un hombre de esas características. Se lo dije el otro día al Acaparador De Sueños Ajenos, que con cara de naipe se marchó por la Avenida De Los Que Siempre Regresan. A hinchar las pelotas, me dice La Belleza Que Nunca Me Mira, mirando para otro lado, como siempre. No sé qué hacer con estas cosas, ni con ese hombre. Se lo dije, pero pareció no escucharme. Eso me pareció, antes de irme a dormir, sin lavarme los dientes y con los pies y las medias heladas.


GUISO DE LENTEJAS


Dónde carajo puse los lentes –dijo el ortiba.
Bueno, en realidad, creo que dijo eso, aunque no puedo asegurarlo –dijo el sordo. En ese momento, yo, estaba observando la medianera y una grieta que parece ensancharse cada vez más. Pero no lo podría asegurar tampoco, para eso necesitaría los lentes del ortiba que vaya a saber dónde carajo los puso.

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23/9/11

La verdadera historia de Los Fantasmas del Caribe



Conversaba con su sobretodo. Pero en verano estaba más solo que borcegos en piletas de azul cristalino en el Country El Velero Indomable. La música la trajo de uno de sus viajes al norte; aunque nunca vio la película igual se hizo un tajo en la boca como el protagonista. Llegó el invierno, y el Boca Torcida nada pudo decirle al sobretodo que no le quedó otra, por cuestiones del viejo dicho, que cambiar de ropero. Ahí se encontró con la guitarra y formaron el dúo Los Fantasmas del Caribe (ahora sexteto), ya con varios éxitos en su haber.

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Chuicchuicpipipi


PANADERO DEL AIRE

Sueño y vuelo/
con las palabras/
del día


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22/9/11

Sin tus ojos que siempre miran por mí


LA HERIDA DE PARÍS

La verdad es que no sé qué estoy haciendo en París. Lo único que recuerdo es que caminaba, herido caminaba y caminaba… Un tren y catorce horas ya me alejaban de Roma. Y ahora en París..., ¿puede haber algo más desagradable que la torre de Montparnasse?; y allí estoy, sangrando, en un piso cualquiera y sin una cámara en la mano. Y sin tus ojos que siempre miran por mí.


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Foto: Pico de la torre de Montparnasse.

20/9/11

Nueva Roma



Estruja el papel y lo arroja al río. A la deriva, flota.
Bosteza en el día y se estira y se hace barquito.
Cruza el camino trazado por la natural corriente esencial de cualquier vivir.
Llega al mar. Deja la ciudad de los eternos vagabundos de viejos estilos perimidos para ingresar de una buena vez en los ojos del otro, de los otros (que aún no se animan a viajar a Roma).

El amor no está en Roma


Está en cualquier ciudad del mundo. En donde los relojes no dan la hora exacta (la rota mirada de los ciegos hacedores de bibliotecas vacías). El amor nada en Roma como manchados azulejos en los baños de las estaciones de servicio. No, el amor no sabe de ciudades al revés, ni tiene el dinero suficiente para recorrer los bares y los cafés y patios literarios. Nada sabe el revés de la ciudad acerca del amor y la trama sigue echada como un perro muerto que se hace.



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Foto: detalle tapa libro de Federico Moccia, Perdona si te llamo amor.

19/9/11

Algunos Setenta y 4 en Poesía del Mondongo


Gracias POESÍA DEL MONDONGO
Mundos, Memorias, Homilías y Obreros.

Segundo Festival de Poesía en la Escuela, 1


José María Pallaoro, Clara Vasco, Marcelo Carnero, Victoria Schcolnik, Marisa Negri y Natalia Molina


Alejandra Correa, Victoria Schcolnik, Marcelo Carnero, Clara Vasco, José María Pallaoro, Marisa Negri, Natalia Molina y Ana Cecilia Adjiman Gache.


José María Pallaoro, Clara Vasco, Marcelo Carnero, Victoria Schcolnik, Marisa Negri y Natalia Molina


José María Pallaoro y Victoria Schcolnik



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Fotos: Ana Cecilia Adjiman Gache, Clara Vasco.

17/9/11

Después del ACV


DESPUÉS DEL ACV


Semana de acompañar a madre. Desayuno. Almuerzo. Cena. Siempre pide queso. Quiero queso, dice.
–¿Duro?
–Sí, duro, lo quiero.
–¿Tipo Mar del Plata?
–Queridito, ¿no podría ser de más cerca?


Foto: Jmp

Setenta y 4 anda rodando


SETENTA Y 4 ANDA RODANDO
Gracias por hacerlo caminar
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AL CIELO UN BARRILETE
Ella, Paseo, Pronóstico, El golpe, Muertos

CENICIENTA DE MENDIGOS Y LADRONES
Nacional y popular
Cortejos
Superficies, 2
Noche y niebla

EL POETA OCASIONAL
Cortejos, Carne podrida

16/9/11

16 de septiembre de 1976


Pronóstico


Jueves
16 de septiembre de 1976

Para hoy
en el país y alrededores
leve descenso
de la temperatura

En La Plata
ascenso
de la mortalidad
estudiantil




Publicado en diario DIAGONALES de La Plata.
En "Setenta y 4",
ediciones el suri porfiado, 2011

13/9/11

Segundo Festival de Poesía en la Escuela, 2


Alejandra Correa, Victoria Schcolnik, Marcelo Carnero, Clara Vasco, José María Pallaoro, Marisa Negri, Natalia Molina y Ana Cecilia Adjiman Gache


Alejandra Correa, Victoria Schcolnik, Marcelo Carnero, Clara Vasco, José María Pallaoro, Marisa Negri, Natalia Molina y Ana Cecilia Adjiman Gache


José María Pallaoro, Clara Vasco, Marcelo Carnero, Victoria Schcolnik, Marisa Negri y Natalia Molina


José María Pallaoro, Clara Vasco, Marcelo Carnero, Victoria Schcolnik, Marisa Negri y Natalia Molina


José María Pallaoro, Clara Vasco, Marcelo Carnero, Victoria Schcolnik, Marisa Negri y Natalia Molina


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Fotos: Ana Cecilia Adjiman Gache, Clara Vasco

11/9/11

Alto en la torre


ALTO EN LA TORRE


Busco en mi libreta de hule negro del período 2001 (mayo) -2002 (inicio). Recorro sus páginas intentando encontrar posibles notas de septiembre. Siempre hubo septiembres, en todos lados, en cualquier lugar del planeta. Pero ahora necesito saber qué estaba haciendo, pensando, un once de septiembre de 2001. Hurgo en la libreta de hojas manchadas con tintas negras y azules y verdes, y lápices, y extraños dibujos que antes se podían leer, y que ya no, por la humedad o mates caídos por la imprudencia de mis manos cada vez menos hábiles. No, las manos hoy tiemblan, en esas horas aún eran jóvenes. Y mientras trato de encontrar ese día, sabiendo que el imperialismo nunca descansa en sus asesinaciones, pienso en otros septiembres, porque siempre hubo otros septiembres, un septiembre de 1976 en La Plata, un septiembre de 1973 en Chile. Un septiembre once en mi libreta de hule negro.

Transcribo lo primero que escribí: “Son las cuatro de la mañana y tuve un sueño. Soñé el tema para un relato. Al despertar se evapora de mi cabeza. Sé que había un joven y que todo ocurría en los tiempos de los sueños que no se evaporaban al despertar. Que si bien hubo derrota, ésta no era para siempre”. Otro sueño: “Recorro estaciones desconocidas. Todas cercanas a City Bell. En un departamento pequeño me encuentro con una mujer (no sé quien es) y su hija que canta una canción que me es familiar y a la vez extraña. En realidad, las dos la están cantando… (Hay una mancha azul como de cielo encapotado que no me permite leer cómo continúa el sueño; luego, como una ola que se va deteniendo en la arena comienza a aparecer lo que no se podrá borrar)…una cama matrimonial sin deshacer; ventanas con cortinas a la calle, posiblemente frente a las vías; una biblioteca con algunos libros... Ellas cantan, y yo miro por la ventana una inmensa bocanada de polvo cubriendo hasta la oscuridad la calle de las vías ahora sin sol”.

Hay otras notas. Vuelvo en tren de Buenos Aires. “Oído en el tren: La Razón a voluntad”. Sé qué está ocurriendo en el norte del país, un país ajeno; el país, no los niños y mujeres y hombres y ancianos y la vida que ya no será. Escribo en la libreta: “La muerte trae dolor. El dolor, olvido”. Escribo: “Ah pasado desaparecido, ¿cuál es el sido que sigue vivo?”. Anoto los colores del arco-iris: rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, añil y violeta. El arco-iris que se queda tendido en el cielo durante un chaparrón. Siguen las anotaciones hasta que el tren se detiene.

Camino a casa con el bolso al hombro. Son más de veinte cuadras. Todos los días de la semana, a la mitad del viaje, hago el mejor de mis recreos y visito al poeta Mario Porro. Sé que no leeremos poemas, no escucharemos música, ni saldremos al jardín a observar los pájaros y las plantas. Mario mira como aturdido, asombrado, el aparato que nunca se enciende. Las imágenes se van repitiendo, como un disco rayado, y siento la canción de la mujer y su hija, esa que cantaban en mi sueño, y la comienzo a susurrar hasta hacerla mía: “Alto en la torre nació mi voz,/ se hizo viento y flotó/ con la tuya,/ se fundió en el atardecer.// Cierro mis ojos y te veo más,/ no tengo miedo a caer/ si sostienes/ toda mi estructura/ y me haces bien.// Soy tan alto como el sol,/ entiendo sin saber/ que una cúpula se acerca/ hasta mis pies.// Sé que mis brazos/ te apresan bien/ la luna vuelve a crecer,/ bajo nuestro/ todo el universo/ empieza a arder.” Mario canta conmigo. Sui Generis. De su especie. Una larga noche nos espera. Hasta hoy.

Publicado en suplemento Ideas, diario Diagonales, La Plata, 11 de septiembre de 2011


10/9/11

Acerca de Setenta y 4 TODA POESÍA ES POLÍTICA por Carlos J. Aldazábal


TODA POESÍA ES POLÍTICA
Sobre Setenta y 4, de José María Pallaoro


por Carlos J. Aldazábal



Toda poesía es política. Olvidar lo político de lo poético, a esta altura de la Historia, es una confesión de ingenuidad que no puede entenderse más que como una toma de partido: la poesía aséptica, la poesía en estado puro, la poesía escindida de la sangre y la memoria.
José María Pallaoro elige el otro camino: poética política con los pies en el barro, lenguaje que husmea los recovecos del pasado para invocar la esperanza colectiva del presente.

“Setenta y 4”, el año que nombra el título, es señal de elegía, elegía por la utopía perdida, por el país que no fue, por la sangre derramada de los estudiantes. Por las víctimas de la triple A. Ese lamento va, paulatinamente, girando hacia una erótica del presente: sensualidad de adolescentes que militan, pero también de país que recupera su tradición de lucha: semilla de los hijos que empieza a germinar en el diamante angular del nuevo tiempo.

Sin temor al panfleto, Pallaoro politiza los poemas, con la certeza de que esas palabras también son disparos para vencer al enemigo, los indecentes cultores de la muerte que en los 70 arrodillaron al pueblo en el maíz. Los impotentes del nuevo tiempo, que se volvieron retóricos: palabra vieja cargada de inmundicia que, sin embargo, incita lucidez, ojos abiertos.

En este sentido, Setenta y 4 también habla de una reconciliación: el reencuentro del pueblo con la militancia. La militancia, que en los 70 fue abandonada por el pueblo (Las fuerzas populares/ van perdiendo popularidad/ y quedamos solos/ en la vereda opuesta, dirá Pallaoro), vuelve, ahora, a tomar su mano de cara al futuro, en un presente promisorio que es necesario defender.

Lejos de los “poetas faranduleros” de los que habla Alberto Szpunberg en el prólogo, el libro de José María Pallaoro se convierte en “Rosebud”, palabra trineo que trasmuta la poesía del dolor y del luto en poesía esperanzada. Sentido de lo humano que, a diferencia del Rosebud del Ciudadano Kane, Pallaoro recupera en el espesor político de sus versos.

La publicación de este libro en el suri porfiado confirma la búsqueda editorial que el sello inauguró en 2007, y que ha cristalizado en un catálogo de más de 50 títulos: diversidad poética por fuera de los espasmos esnobistas. Diálogo intergeneracional que, en el caso de este libro, encarnó en la preocupación de Julián Axat por difundir la poética de Pallaoro, poeta referencial de la Ciudad de La Plata.

En la tradición de la poesía política, a la que tanto aportó la generación del 60, con Alberto Szpunberg como representante, entre otros importantes nombres, José María Pallaoro inscribe su marca. Libro que primero fue blog, aunque antes fue lágrimas y sangre. Libro maduro de poesía política que nos invita a reflexionar y a emocionarnos.


Carlos J. Aldazábal (Salta, 1974). Poeta, ensayista, editor y periodista cultural. Coordina el Espacio Literario Juan L. Ortiz en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Vive en Buenos Aires.

Pallaoro y su Setenta y 4 por Flavio Mogetta


Pallaoro y su Setenta y 4
Diagonales / El poeta oriundo de City Bell presenta en Buenos Aires su último libro de poemas


Por Flavio Mogetta



Sin dudas que todo hombre que se precie de tal está atravesado por la política. Incluso aquel que piensa que transita por esta vida sin comprometerse, sin levantar ideales, sin tomar partido por nada. Porque en esa "no elección" hay una elección, porque tal como citó alguna vez aquel filósofo alemán (al que no viene al caso mencionar en esta nota), el hombre elige hasta cuando cree no estar eligiendo. Y en esa acción de no querer ser un "ser político" se es político. Casi un trabalenguas que sí viene al caso para anunciar la presentación del flamante libro de poemas Setenta y 4 de José María Pallaoro, que tendrá lugar esta tarde a las 19, en el Centro Cultural de la Cooperación (Avenida Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires). El evento cuenta con el auspicio de la editorial El Suri Porfiado y participarán los poetas Viviana Abnur y Carlos Aldazábal.

Desde el prólogo del libro (“Aún en la calle más vacía”), el poeta Alberto Szpunberg, una de las plumas más importantes de la denominada generación del '60 y maestro de las nuevas generaciones, distingue entre dos tipos de poesía con la que podemos toparnos por estos días. Una si se quiere más efímera, “farandulera”, que piensa más en el momento y en lo inmediato, y otra (en la que ubica a Pallaoro) que logra con sus palabras llenar el silencio que otros quieren imponer o perpetuar, dirá: “entona su libro y, como la calle más vacía, la poesía se puebla”.

O qué decir cuando se lee: “La tapa de los diarios/ generalmente miente// La mujer mira/ los baldosones sucios/ con las manos/ en los bolsillos/ piensa// en el compañero/ caído/ que está/ a su lado/ dentro del féretro/ abrazado a una bandera/ de la tendencia// y la sangre corre/ por esos baldosones/ y mañana tal vez/ sea ninguna otra tapa/ de diario o revista/ o vaya a saber/ qué tendencia/ sigue la moda/ ese día (“Noticias”); “Ellos son de este mundo/ Nosotros somos de este mundo/ Y este mundo/ ¿de quién es?” (“Mundos”); “La mujer/ que apareció/ descuartizada// desde sus pedazos/ nada dijo de los males/ que la aquejaban” (“Comunicado”) o “No hay arreglo/ en el matadero// Los trabajadores están/ cansados de promesas/ incumplidas// Los brazos caídos/ ante la obscenidad/ y los fierros// Una pena natural// La tortura se inicia/ por los ojos” (“Matadero”).

Y volviendo al punto de partida de esta nota, Carlos J. Aldazábal (poeta y editor responsable de El suri porfiado) define los límites de la acción del poeta son suma precisión: “Toda poesía es política. Olvidar lo político de lo poético, a esta altura de la Historia, es una confesión de ingenuidad que no puede entenderse más que como una toma de partido: la poesía aséptica, la poesía en estado puro, la poesía escindida de la sangre y la memoria”. Para enmarcar los caminos que elige (sí, que elige) Pallaoro: “poética política con los pies en el barro, lenguaje que husmea los recovecos del pasado para invocar la esperanza colectiva del presente”.

José María Pallaoro ha dado sobrada muestras de su compromiso para con el momento que le toca vivir desde sus textos, pero también desde su militancia poética, pero esta vez en el sentido de difusor, porque recuperar voces silenciadas y abrir constantemente canales de difusión es una tarea titánica, cuando la agenda de los medios se empecina en mostrar o convencernos que cada vez se escribe peor y que la palabra perdió sentido (con todos los alcances que pueden abrazar las distintas acepciones de "palabra"). El poeta de City Bell parte de un año preciso, doloroso, pero jamás silenciado, porque incontables voces rebotan en él y entorno a él.

9/9/11

Acerca de Setenta y 4 por Alberto Szpunberg


AÚN EN LA CALLE MÁS VACÍA
Sobre Setenta y 4, de José María Pallaoro


Vivimos tiempos en que ciertos poetas faranduleros, cuando tienen sed, no dicen agua, sino cabernetsauvignon. Es esa exquisitez divisoria de hacer el vino a un lado y, al otro, la humedad, eso que, en este país, como 30.000 veces ya se ha visto, es lo que mata. Pero hay un poeta llamado Pallaoro que, de golpe, aún en la calle más vacía, descorcha su libro:

Ellos son de este mundo/ Nosotros somos de este mundo/ Y este mundo/ ¿de quién es?

Algunos poetas faranduleros, que catan pero no cantan, se ofenden: ¿Yo, señor? No, señor... Pues, entonces, ¿quién lo tiene?

Pero Pallaoro entona su libro y, como la calle más vacía, la poesía se puebla, y nunca mejor dicho.


Alberto Szpunberg es poeta. Introducción a Setenta y 4. Publicado en diario Diagonales de La Plata, 8 de septiembre de 2011.
Foto: Archivo de la talita dorada. José María Pallaoro, Oscar Steimberg, Viviana Abnur y Carlos J. Aldazábal, en la presentación de Setenta y 4 en el Centro Cultural de la Cooperación, 8 de septiembre de 2011
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6/9/11

Setenta y 4, presentación 8 de septiembre en Centro Cultural de la Cooperación


SETENTA Y 4 EN BUENOS AIRES

En la ciudad autónoma de Buenos Aires, el día jueves 8 de septiembre a las 19 hs., en el Centro Cultural de la Cooperación, Avenida Corrientes 1543 y auspiciado por la editorial El Suri Porfiado en el ciclo Edita/2, se presenta el último libro de poemas de José María Pallaoro. Participarán los poetas Carlos Aldázabal y Viviana Abnur. Setenta y 4 tiene como portada una bellísima ilustración del reconocido artista plástico Daniel Santoro, y palabras del poeta Alberto Szpunberg, uno de los poetas más importantes de la generación del 60 y maestro de las nuevas generaciones.

3/9/11

Marianne Faithfull como todo recurso



MARIANNE


     ¿Te amé en aquellos días de rock y furia? Quizás estaba demasiado pasado en ese presente de cuerdas rotas. Me pediste caminar, los dos solos, por el West End, dejar esa habitación asfixiante de agujas. Tenías deseos de contarme, o simplemente soplar al viento, de tu infancia en Hampstead. Eras una chica hermosa, decías, viviendo en la miseria de la fortuna. Luego, en acústico susurro, iluminaste la historia de este siglo que ya es otro, y terminamos, riéndonos, y tarareando melodías de Ben Webster y una balada que no recuerdo. En estos años creciste con las bellas cicatrices del futuro. Yo, sigo igual, oyendo, aún tus palabras, mientras camino por una calle cualquiera de City Bell, ahora sí, creo, con un loco amor como todo recurso.


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Foto: MF s/d. 

Marianne nos visitará el jueves 22 de septiembre a las 21 hs. en el Teatro Coliseo de Buenos Aires.

2/9/11

Otras explicaciones



EL POEMA DEL SOL


Pero hay otras explicaciones. Construir un sol, mirando el universo de los otros. Los niños del bien se recrean en campos asfaltados. Los niños, los simples niños, escriben el poema del sol en un universo de tierra, viento y luz. Luz de la que aún no sabemos si está apagándose o encendiéndose.



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Imagen: Contratapa inclinada libro “La Plata. Ciudad Nueva. Ciudad Antigua”, UNL, 2000?