22/6/14

Un perro sin dueño


Un perro sin dueño

 

 

José María Pallaoro

UN PERRO SIN DUEÑO

City Bell, 2003-2004

 

 

 

1-EL EQUILIBRIO EN LOS MÁRGENES (2003)

 

“… un hombre mira caer la lluvia”

 

 

Respiraciones

 

Inicio

Despedida

 

(en el durante

los amantes

se besan)

 

 

Palillos

 

Enciende los palillos

en lugares estratégicos

 

A pesar de la ausencia

vuelve la casa a respirar

 

 

Habla silencio

 

Cuando el poema habla

guarda el poeta silencio

 

 

Encendida

 

El tiempo

no ha matado

la mirada

 

Encendida

habita lugares

vivos y nuestros

 

 

Crónicas del día

 

Las ciruelas

antes de madurar

se disuelven

 

 

Pájaros insensatos

picotean el morado

rostro de la vida

 

 

Cruzando el río

contaminan el agua

de nuestra memoria

 

 

Nuestra carne, 1

 

No es necesario

esperar la incandescencia

del carbón

 

Junto

a los amigos

vino

y silencio

se funden

 

en su íntimo ardor

 

 

Nuestra carne, 2

 

¿Arderá

nuestro espíritu

como las

maderas y pequeños

troncos del hogar?

 

 

En la plaza

 

No des-

dicha

 

La nube en el cielo

 

 

Sombra

 

Doy la espalda al sol

y te sigo

 

 

La verdad

 

Espero

de la mujer de risa fácil

las mentiras piadosas

 

 

Amor en vano

 

Escribo en el papel

 

Tapo la blancura del silencio con gritos que desechan

la ternura

 

 

No mentir

 

Amé toda la noche

El Magritte se incendiaba bajo la lucarda

(No mentir)

 

Caminar por el parque

La instructora de naranjos y pétalos me besó en la boca

(No mentir)

 

Dios me habló

No recuerdo qué dijo

(No mentir)

 

Dejé el ensayo a medio terminar

La manzana rodó sobre el mantel azul

(No mentir)

 

No

 

 

Monstruos

 

Cuando desperté

(un 13 de enero de 2003)

ya no estaba

 

 

Vasos vacíos

 

¿Nada de lo que diga podrá hacerte ver

las cosas como realmente son? Esto decías

 

la otra tarde

ante los vasos vacíos

 

Yo te miraba con ojos de leer

los sauces de la diagonal

 

Y eso te molestaba

de una manera tan natural

como las flores

que asomaban de un florero sin agua

 

Y te decía que mi sed era inmensa antes

de despedirnos y besarnos por última vez

 

 

Labios

 

La humedad de sus labios es agua fresca

Canilla de una estación lejana

 

Líquido que se esparce

Desierto que me abraza

 

 

Dylan

 

Premonición:

su nombre atrajo al otro gran animal del Norte

 

Nuestro perro dinamita

 

Los niños lo adoraban

cuando era fuerte y lleno de gracia

 

Después pasó

y lo fuimos dejando solo

 

Hasta que un 6 de octubre quedó tieso

 

El vecino hizo el pozo donde nos abandonamos de él

 

No hubo últimas palabras

 

 

Quedarse pensando

 

si el resto de nuestra vida

un travieso y roto espejo

seguirá signado como destino

 

 

El equilibrio en los márgenes

 

Los olores de los objetos  

se confunden con plantas

y restos de animales muertos

 

Y un hombre mira caer

la lluvia

 

Retazos de memoria

del otro lado del bosque

 

para que el existir

transcurra lento

como puestas de sol

 

Desde su noche

el hombre quieto

espera

 

Como un perro sin dueño

 

 

Ciegos

 

Quedarse en silencio

junto a la habitación que ahoga

 

La cinta azul detenida

Un cielo que no podemos ver

 

 

Verde y amarillo

 

El verde de la hoja

hace que el amarillo

de la espera

se nutra

de negro rojo blanco

 

 

Hola - adiós

 

Le digo adiós a la tarde

a su tibio encanto:

 

blanco rojo negro

Bienvenida noche

 

 

 

2-LO QUE NOS OCUPA (2004)

 

“el próximo golpe de dados”

 

 

Injerto

 

Tronco recto

ranuras de invierno

 

Lo tortuoso expande el cielo

Desolación en ramas

 

La mesa fría las sillas

combaten el oxido

esperan

 

una estación abandonada

 

 

Escribir

 

Para existir

 

Y luego partir

de un sueño a otro

 

 

(A un lugar

donde ni las sombras existan)

 

 

Cuadros

 

Esa mujer

–la del cuadro–

se ha perdido

 

Eso piensa

el hombre

 

Nadie dirá

Nadie aclarará

 

que

en realidad

no se pierde

aquello

que nunca

estuvo

 

 

Lo que nos ocupa

 

Según el libro

la abuela

fue la primera

en escudriñar

las estrellas

 

con sus ojos muertos

con sus ojos muertos

se regocijaba

en ocultar la luz

 

 

Azares

 

El azar quiso

que el vino

cayera

dentro del vaso

 

que el hombre

sostenía

con un leve temblor

 

Ahora vino

y hombre

dan la despedida

a la sed

 

y el vaso

vacío espera

el próximo golpe

de dados

 

 

La herida

 

Sangra boca

en el tajo abierto

 

Lengua lame

tatuaje de otoño

 

 

Fronteras

 

En la noche

ladran los perros

 

¿En qué sitio

quedó

la frontera

del lugar?

 

Ni adentro

Ni afuera

 

Ni arriba

Ni abajo

 

Estrellas

como luces

de un auto

que se pierde

 

en el camino

 

 

La espera

 

No espera

 

Presagia la desdicha

del no vendrás

 

 

Jardín

 

Moras en los márgenes

de la casa

 

Un hombre

 

Una tijera

en sus manos

de podar

 

¿Habrá

fruto

vida

porvenir?

 

 

Un hombre

 

Un hombre

duerme

con un libro

entre sus manos

 

El libro

se desparrama

apagado

en el piso

 

la brisa fría

de la habitación cerrada

lo devuelve

al vacío

rincón

 

de la biblioteca

 

 

Pongamos como caso un poeta

 

Cada vez que alguien muere

ponen flores sobre el escritorio

intentan ordenar papeles

 

No entienden de poemas versos

letra que el difunto garabateó

 

Así que una vida dedicada

a percibir analogías –como quien dice– 

va a parar al asador

 

y quedan solos

–los sobrevivientes–

con inútiles cenizas  

que carcomerá

la húmeda indiferencia

el olvido

 

 

 

*

EL EQUILIBRIO EN LOS MÁRGENES

(2003)

 

respiraciones

palillos

habla silencio

encendida

crónicas del día

nuestra carne, 1

nuestra carne, 2

en la plaza

sombra

la verdad

amor en vano

no mentir

monstruos

vasos vacíos

labios

dylan

quedarse pensando

el equilibrio en los márgenes

ciegos

verde y amarillo

hola - adiós

 

 

LO QUE NOS OCUPA

(2004)

 

injerto

escribir

cuadros

lo que nos ocupa

azares

la herida

fronteras

la espera

jardín

un hombre

pongamos como caso un poeta

 

 

14/6/14

El ebanista

Mis padres, Ascensión y Nerino; JM, Gaby, Jorge




JOSÉ MARÍA PALLAORO




EL EBANISTA
y otros textos

(1999-2001)









I

El ebanista

A mi padre, City Bell, 22.09.99 

En la madrugada nos despertó
Señalando el oeste
“Allí ¿ven?”

Suspendido en el ennegrecido lienzo
el arco iris de Paul Klee
pintó la noche

Los colores iluminan 
la trizura de un rostro
tallado en madera


Tafí del valle

A mi padre, a mi hermano Hugo, con quienes hice el viaje

El viento del sureste juega con el aire
susurra palabras a la orilla del lago

Un sombrero / Muchacha de negro 
contempla / agua cerros

Un pájaro en la lejanía pierde altura
alas abiertas bosquejo sostenido
en la caricia morada azul violeta

Cerca un pájaro se sumerge
desaparece

Un sauce una tipa un jacarandá
en la frescura de la tarde

y el regreso al olvido


Voces

(Río Uruguay, Colón – Entre Ríos)
A Nerino, mi padre; a Hugo, mi hermano

…
El pájaro se demora
Hay una eternidad instalada en el gesto de sus alas

…
Hay un sol que crece crece
Su rama surca el río y abre las aguas para sentir el camino de las piedras

…
En esa esquina vi 
el río más hermoso de mi vida

…
Los patos negros en su orilla
Una parejita que bordea el río 
se pierde entre los espinillos
(Seguramente) para susurrar
palabras de amor que no debe 
escuchar el circunstancial visitante

…
El agua parece (querer) brotar
pero en verdad son los peces que
por un instante besan el aire o el cielo
y vuelven al lugar

…
Es la hora en que los botes parecen abandonados
El río fluye vive
Ahora los pájaros se hacen sentir

…
Un bote que se llama “Gardel” o “Raquel”
En todo caso es un pájaro cantor que canta
a la más bella de las mujeres

…
La pedaleada a la bicicleta alarga la chupada al cigarrillo
En este río el tiempo es otro
Es un río de los pájaros

…
La felicidad se detiene por el ruido de un motor
Una lancha de goma interrumpiendo la soledad de la mañana

…
Qué habrá allá / lejos / cerca / En este instante 
que nos habla de un sueño

…
No
Ese árbol no es un espinillo
Tiene hojas que se acoloran pareciendo una extensión
de los brazos del sol

…
Interrumpe el silencio de los pájaros
el viento la brisa los peces

El sonido / las palabras de las pindó
que parecen gemir desde el cielo

…
Justo ahora que estamos entrando a la tormenta
El viento que no cesa 
Siempre escuchaba la misma canción –dijo mi padre 
“A este lugar solo entran los que no viven más”


Ocaso

El mar abraza hondamente
Hubo un pájaro

Una barcaza amarilla se aleja

La mitad de una naranja sola
flotando
se acomoda en la arena 

quieta encallada
La sombra errante de un pájaro
la vela


Caracará

¿Qué hace en la zanja de ambas orillas?
¿Deja sus marcas en el aire?

Levanta vuelo sobre los arbustos asusta
Cachorros desaparecidos en las calles

¿Qué hurga en el límite de mi vida?
¿Dónde están pájaros insectos?

¿Qué hace en mi hombro?


Kalala

Llegará deseo ansia de iniciar
el viaje amor

Juega con tus niñas
Resiste depresiones

Ella viene

Brazos de sauce
Nocturnidad en tu pelo

Mis manos hundidas en el arroyo
Quebradas 


Blackbird Singing

Un pájaro negro
en el membrillero

¿Qué busca entre rojas flores?

No sé
pero esa rama ilumina
la grisura viscosidad

El día


Bunka Shishu
(Pintura colgada)

Para Ana María

Piernas de bambú
rodillas juntas cruzadas 
Cierro los ojos
Se cristaliza
el deseo


Máscaras

Afuera 
qué inocencia

Los perros quietos atentos

Adentro 
palabras ladridos

que nadie escucha

(en la alfombra caretas)


Nubes

En el arriba las nubes
Sombras de otros ojos

Se alejan interminables
las marcas los besos el dolor
los tatuajes

No se detienen ¿nada dejan en mí?
Perfume que acaso me acaricias


Un país

¿Hubo? Hoy
ojos viejos de niño
aletean bajo la fría llovizna
del mediodía

Desnudos
los pies en el cordón de la vereda
saltan
chapotean en el charco

“Señor...” Acaso
Hombre Cosmos Sabe Siente

…

La caricia acomoda el mechón
mojado
Pensamiento
Enorme apetito
¿Quién te arma?

Niño solo finito tintineante 
polvo entre manos la tierra
¿Solo?


La casa de todos

Uno Dos Mundos 
Del mercado De los desamparados
¿Hacen tres? ¿Uno solo? ¿Ninguno?

¿Cuál de ellos es la casa de todos?

…

No bailo (escucho)
La música alegría en el contorno
Gozo acrisolado
Maneras de estar en la casa de todos


Viva Zapata

El pájaro de pecho amarillo
y antifaz en el rostro
en la rama del árbol

en el vivir un continuo 
sube y baja de la mirada
Sus sentidos resguardan

y se zambulle al lago
como un canto rodado sale
sus patas otra vez en la rama

acomoda sus alas
Vuela ahora
Son dos los pájaros

Uno limpia su cuerpo
Otro cuida los sentidos

Los pájaros de pechos de sol
y sombra en la cara

en el agua bajo la lluvia el dialogar 
un juego de preguntas y preguntas
No hay un solo sueño

Sonriente atento
el tercer pájaro protege
la intimidad de los compañeros 


Lluvia

en el día en la mañana
ocredad de los sentidos
Pájaros ausentes

La tierra calma su sed
Inquieto

El camino de las hormigas
es río que disuelve la sal

desparramada en el suelo de la casa


Las hojas 

Hoy un viento despierta las libera

¿Qué palabras viajan en su silbido?
¿Qué susurran ellas?

Amarillas doradas rojas
de a una únicas abandonan la casa

Viven Mueren ¿Adónde van?

…
El viento las esparce por el mundo
Las une Las separa Juntas Distantes
Son parte de la vida

…
Con un trazo pintan manchan
El ciprés Amarilla
Dejando penetrar

Una luz de sol nuevo


Tiempo

…
Nada de vos en mí
Sol oscurecido

En la otra casa la mañana se enciende

…
Es fuerte La brisa de la tarde
Limonero desnudo Colmado de frutos
Soles levemente anaranjados detenidos
en el mirar nuestro

…
La rosa se cubre de sol
Deja una pequeña filigrana
en la penumbra de la noche

…
Al saber de vos nada sabía
Cuenco de sombras desconocidas
Cuerpos que insinúan el día
Colmados de fuego nuestros ojos vendados

…
Cuerpo que se consume
Árbol viejo que inclina el viento del sureste
Verde árbol que otoña la raíz
se nutre de flores y frutos

…
Estar No estar Caras
De una moneda Única


La espera

…
Abro puertas (ahora
abiertas) te dejas entrar

…
Todo rápido
Caricias cuerpos
Lejos
Uno
Otro

…
Beso la flor
Estrellas ¡Tan lejas!

¿En la palma de tu mano?

…
En la casa no hay cuartos
La cama alberga a un solo cuerpo
Duerme junto a la noche ligeramente oscura

…
Los párpados caen cansados
La luz enciende El interior de mí


II

La fiesta

Falta poco, apenas, una eternidad.
Ella canta de una primavera gris, azulada, que crece hacia un verde de espera.
Vendrá. La noche. Los amigos. La familia. Estarán en nosotros. Nosotros en ellos. Hasta que las velas ardan. O el silencio del nuevo día reine otra vez. En la casa. Vacía.


La madre tierra

Luego de la tormenta, desentierra algunos de sus muertos. Osamentas descarnadas, guardadas celosamente en días anteriores a la anticipada lluvia. Y apretando entre sus patas delanteras a uno de esos cadáveres, lo comienza a lamer. Una y otra vez. Lame una y otra vez, como en una ceremonia. Hasta liberar el último presagio. Para que brille, sin moscas, nuevamente al sol, enrojecida de nada.

A Pacha, 28.07.99


Sobre las lajas

…
Sobre las lajas que están junto al ventanal dejo una cantidad considerable de alimento para pájaros. Desde el otro lado del vidrio veo a un gorrión hembra y a su pequeño que recién comienza a levantar vuelo. La madre le enseña a alimentarse por sus propios medios, carga el pico de alimento, y espera que el pequeño coma de su pico. Luego el pichón salta entre las lajas, pisando el césped, picoteando en un lugar y en otro. Cada tanto retorna junto a la madre, y come del pico de ella, y se van.

…
Anoche un camino negro cruzaba el patio de ladrillos, en diagonal, las hormigas cruzaban el patio, cientos de ellas con carga o sin carga, iban y volvían, del alimento necesario al hormiguero. Cientos de negras hormigas, si uno se detenía, podía verlas, contarlas, cientos de hormigas. Entré a la casa a buscar el frasco con granos, y los esparcí en un montoncito, luego otro, junto al camino negro, y esperé. Las hormigas reconocieron el alimento, y poco a poco, laboriosamente, se lo llevaron al nido.
Ahora, de mañana bien temprano, observo el patio. No hay camino negro. Tampoco montoncitos de granos. Vuelvo la vista a las lajas junto al ventanal. El pichón de gorrión parece haber crecido, está solo, sin la madre, picoteando una y otra vez los granos que dejé junto a las lajas, para los pájaros. Picotea. Come. Crece. Levanta vuelo, y como un rayo de luz, desaparece.

…
Mientras me cebo unos mates, solo, observo al gorrión que picotea una y otra vez junto a las lajas. El sol apenas subido al horizonte extiende la sombra de los árboles buscadores de cielo. Algunos de ellos están inclinados como la torre de los libros, a punto de caer, pero eso no ocurrirá ahora. Ya han pasado los fuertes vientos. Pero sus ramas de un verde furioso poco a poco se van oxidando, hasta que la vida diga: ¡basta! Nada hago por ellos. Los abandono. Ya no tengo fuerzas para tratar de enderezarlos, acomodar sus raíces. Los dejo irse. Poco a poco. Yo también me estoy yendo de alguna manera. Solo quedan los pájaros. Una bolsa a medio terminar de alimento para ellos. Pero sin árboles, los pájaros se van.

13/6/14

José María Pallaoro graba textos de su libro inédito El flautista de City Bell

Estimado José María Pallaoro, 

¿Cómo está? Espero que muy bien. Le escribo para hacerle llegar el link a través del cual puede acceder al audio que está cargado en el Archivo de la Palabra de Radio Universidad Nacional de La Plata: El autor lee su obra: el platense José María Pallaoro graba textos de su libro inédito El flautista de City Bell

Aprovecho la oportunidad para agradecerle nuevamente su colaboración.
Un saludo cordial,

Pilar Alvarez Masi
Licenciada en Comunicación Social

25/4/14

Marianne Faithfull



Gracias, Caína Bella, 
por subir este texto dedicado, claro, a 
Marianne Faithfull. 

12/3/14

En casa, con Juan Gelman


“Toda antología es una puerta de entrada a una casa que tiene otras puertas que nos conducen a otras puertas de entrada y de salida. Son los mundos que en definitiva es el mundo. En estos días vienen al caso dos de esas puertas de entrada al mundo: Los nuevos. Selección de cuentistas, y El pan duro. Dos libros en lo que descubrí a varios de los poetas que me acompañan, con más o menos frecuencia de lecturas, hasta el día de hoy”.

Por José María Pallaoro
(para La Tecl@ Eñe)


Leer texto completo:


En casa, con Juan Gelman
Un adolescente, y su encuentro con la poesía del más grande poeta argentino de la segunda mitad del s. XX.

Por JOSÉ MARÍA PALLAORO

          Nadie recuerda esa librería. De todos mis amigos, aquellos para quienes la lectura es parte fundamental de sus vidas y rondan un poco para arriba, un poco para abajo mi edad, nadie recuerda la librería de 42 entre 1 y 2 de La Plata. Cursaba los últimos años del secundario y cada tanto, cuando las monedas ahorradas al colectivo o al tren pesaban en el bolsillo, visitaba esa librería en un intento de encontrar, de descubrir tesoros. Y siempre ocurría. En estos días vienen al caso dos encuentros fundamentales. Uno, Los nuevos. Selección de cuentistas y poetas, Centro Editor de América Latina, 1968. Otro, El pan duro, Grupo de poesía, Ediciones la Rosa Blindada, 1963. En estos dos libros descubrí a varios de los poetas que me acompañan, con más o menos frecuencia de lecturas, hasta el día de hoy: Raúl Gustavo Aguirre, Edgar Bayley, Francisco Urondo, Juana Bignozzi, Hugo Gola, Alberto Szpunberg, Mario Trejo, Alejandra Pizarnik. Y por supuesto, Juan Gelman. Toda antología es una puerta de entrada a una casa que tiene otras puertas que nos conducen a otras puertas de entrada y de salida. Son los mundos que en definitiva es el mundo.

          Mi padre, en su juventud había sido ebanista, construyó con madera de itín, allá por 1963, una pequeña biblioteca o repisa de tres estantes que se convirtió, una década después, en mi biblioteca. La repisa, creo que es correcto el término ya que en su tercera y segunda tabla sumando desde abajo no entraba un libro parado y tenía que acostarlos. A los quince años me sentí orgulloso de la tabla y media de libros míos, que había leído o que estaba por leer y donde yo era el hacedor de esos mundos por descubrir. Hoy, en mi taller, donde trabajo luego de volver del trabajo, esa repisa está cubierta con más de un centenar de libros, muy cerca del pequeño escritorio y de la computadora portátil, a un par de metros de la pared amurallada de libros, revistas y diarios. Comienzo a revisar esas antologías y algunos libros individuales de Gelman.

          En Los nuevos. Selección de cuentistas y poetas, encontramos seis poemas de Gelman. Los primeros cinco extraídos de los libros Violín y otras cuestiones (“Un viejo asunto”), El juego en que andamos (“Límites”), Gotán (“El árbol” y “Camilo Cienfuegos”). El último de los poemas es “Foto”, incluido en la revista Zona de la poesía americana (editada por, entre otros, los poetas Edgar Bayley, César Fernández Moreno, Francisco Urondo y Alberto Vanasco), Buenos Aires, año, II, número 4, noviembre de 1964. El interés por este poema es que no fue recogido en libro individual ni en la obra poética de Gelman, por lo menos en las ediciones que poseo. Transcribo el poema:

FOTO

puse tu fotografía tu rostro en sombras sobre mi mesa
estás despeinada y dulce estás lejos
estás en ese agosto pensando en quién en qué sonriendo apenas
te describo para tenerte
como hace miles de años los hombres a los animales que querían cazar
pero nunca te sacaré de ese agosto junto al agua
o casas semiborradas al fondo o como objetos misteriosos
alrededor de tu pelo donde el sol se empecina sobre ti
como si fuera mi mano

          Sabemos que el poema se publicó en la revista Zona…, que es anterior a noviembre de 1964, que no está en ninguno de los libros publicados por Gelman hasta ese momento. También sabemos que Gelman solía repetir títulos de los poemas. En Velorio del solo (1961), capítulo (o sección) Casos, encontramos un poema titulado “Foto” y otro con titulo similar: “Fotografías”. Transcribo los dos poemas, extraídos de ediciones Caldén, Buenos Aires, 1970, que incluye cuatro libros de Gelman: Violín y otras cuestiones, El juego en que andamos, Velorio del solo y Gotán.

FOTO

En la fotografía que tus ojos vuelven dulce
hay tu rostro de perfil, tu boca, tus cabellos,
pero cuando vibrábamos de amor
bajo el oleaje de la noche y el clamor de la ciudad
tu rostro es una tierra siempre desconocida
y está fotografía el olvido, otra cosa.


FOTOGRAFÍAS

Mirando en viejas fotos mi rostro en que no estás,
la mejilla en que estás como dolor, olvido,
pienso qué harán en China ahora
con tanta tristeza como se me caía,
o crecerá como otro otoño humano
lleno de oros, de dulzura,
con un fuego en el medio como tu nombre, o sea
crepitarás entre los lotos de Hangchaw bajo setiembre
como cuando encontré la justicia en el mundo
y era como tu rostro,
mejor dicho: te amo

          Estos dos poemas no tienen diferencia con reediciones posteriores. Tomo por caso dos: Obra poética (Corregidor, 1984) y Velorio del solo (que incluye El juego en que andamos y Gotán, Página/12 – Seix Barral, 2011). Dejamos para otra oportunidad el comentario o análisis de estos tres poemas, más que interesantes, no solo por sus similitudes, sino porque éstas están dadas a partir que el poeta, para nosotros, está observando la misma fotografía. 

          La antología de El pan duro, editada según pie de imprenta en octubre de 1963, reúne a nueve poetas: Juana Bignozzi, Hugo Ditirambo, Juan Gelman, Luis Alberto Navalesi, Guillermo Harispe, Rosario A. Mase, Héctor Negro, Julio César Silvain y Alberto Wainer. Salvo los cuatro primeros, los demás, hasta ese momento, seguían formando parte del grupo El pan duro. Entre 1956 y 1963 publicaron diez libros. El primero de ellos, Violín y otras cuestiones. Hasta el momento de la antología El pan duro, Gelman (fundador del grupo del que formó parte hasta 1959) publicó tres libros más: El juego en que andamos, 1959; Velorio del solo, 1961 y Gotán, 1963, y se encontraba preso, junto a José Luis Mangieri y Navalesi, por los resabios del plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado), durante la dictadura del abogado José María Guido (que tuvo en su equipo económico a personajes nefastos que se repiten de manera hereditaria en nuestra historia como Federico Pinedo y José Alfredo Martínez de Hoz). El libro está dedicado a Gelman, Mangieri, Navalesi, y además a José Pastafiglia y Lázaro Kanonich.

          En la antología hay diez poemas de Gelman, ocho de ellos formarían parte de Cólera buey, cuya primera edición argentina es de 1971, y si no me equivoco, hay publicada una antología de este libro en Cuba en 1965, con prólogo de Mario Trejo; los dos restantes no fueron, hasta donde sé, recopilados posteriormente en libro. Lo curioso de estos dos poemas, “Sí” y “Sucede”, es que en Cólera buey aparecen dos textos con el mismo título (ya dijimos que Gelman suele repetir títulos de poemas). Transcribo los poemas de la antología de El pan duro:


SÍ

los pequeños anísculos legislan
dictan el código de la poesía
disponen cuidadosos sus artículos
y los metros y los tonos convenientes

a ustedes grandes asnos
les está prohibido conocer
los pájaros los vientos las señales
los otros vivos de los ritmos futuros

llévenlos a la mar y corténles el cuello
por no ver tanta mar en esa mar
aterran los abismos
de las cajitas de los grandes asnos

adminículos calvos musicardos
colísimos asnísimos en sí
perfectamente nada en sus balcones
tejen sus telas discursivas
sin presentir sin advertir
las esmeraldas de la luz que estallan en sus babas

a veces me dan pena
estos (y otros) clientes del pasado
sus muertes les permiten
hablar con gran autoridad


SUCEDE

la desconocida que se arrojó a la calle desde el séptimo piso
me amaba hacía mucho y además
amaba cuatro flores
y un antiguo sombrero de verano

la desconocida dialogaba con ciertos edificios solamente
la habían visto mover su gran mujer como un escándalo una fiesta
algo caía de sus huesos como las hojas en otoño
su nostalgia de mí seguramente

lo supe al verla descansando por fin sobre el asfalto
con una cara tan igual a la mía cuando hablo del país
ninguna flor podrá crecerle nunca
y lo que hubo fue un gran lío de tránsito
uno que dijo se hizo moco
y la columna de aire que tiembla en esa esquina
y seguirá temblando los siglos de los siglos
como cuando la desconocida iba bajando
con un sombrero y cuatro flores
en representación de tanto olvido


          Colera buey se inicia con una breve introducción de Gelman (que no encontramos en la Obra poética ya citada). Dice gelman: “Este volumen reúne un poema al comandante Guevara y los restos de nueve libros inéditos escritos en un momento muy particular de mi vida.” Ese momento particular va desde 1962 hasta 1968. Y la selección de poemas de esos nueve libros los ha convertido en este “volumen” en secciones. El poema dedicado a Ernesto Guevara, el Che, corresponde a la sección 8, según orden del índice, y se llama Pensamientos, escrito en octubre de 1967. La selección de textos de los nueve libros (ahora secciones), son: El amante mundial (1962), Cólera buey (1963), Partes (1963), Rostros (1963), Otros mayos (1963), Perros célebres vientos (1963), Sefiní (1964-1965), Traducciones I. Los poemas de John Wendell. Los poemas de Dom Pero (1965-1968) y Traducciones II. Los poemas de Yamanokuchi Ando (1968).

          Gelman ha dicho en diferentes oportunidades que es de escribir mucho y corregir poco, más que nada tachar, y que los poemas que no lo convencen van a parar, por lo general, al cesto de papeles. Creo recordar haber leído que entre el período que va desde El amante mundial hasta Sefiní, es decir, 1962-1965, escribió más de dos mil poemas (Gelman debió exilarse en 1975; en 1976 la dictadura militar allana la casa de Gelman y robó muchísimos poemas de este período). Apenas cerca de cien de esos dos mil poemas son los que se recopilan en el libro. Vayamos ahora a los poemas “Sí” y “Sucede”, los que aparecen como definitivos en Cólera buey. “Sí” se encuentra en la sección 2, la que da nombre al volumen. Y dice así:

SÍ

celebrando su máquina
el emperrado corazón amora
como si no le dieran de través
de atrás alante de su porfía

alante de ala de volar
que no otra cosa intenta
molestándole piedras
como especie de pies

pies que piesan en vez de alar o cómo
sería el mundo el buey lo que se hija
si no nos devoráramos
si amorásemos mucho

si fuéramos o fuésemos
como rostros humanos
empezando de a dos
completos en el resto

          Este es un poema más que interesante por diversos motivos. De la línea 2 y de la línea 4 de la primera estrofa surgen los títulos de dos libros muy posteriores de Gelman: El emperrado corazón amora (2011) y de atrásalante en su porfía (2009). Además, en el “Sí” de El pan duro, es evidente la mirada crítica de Juan Gelman hacia el partido del que formaba parte hasta ese momento y del cual se separó en 1964. El Partido Comunista Argentino bajaba línea sobre cómo se tenía que escribir poemas, hacer literatura; desde el buró político abogaban por una poesía completamente comprometida con lo social y político. Gelman no estuvo de acuerdo, y más allá de las discusiones internas que mantuvo con el partido, y de no haber dejado nunca de ser un poeta comprometido, les respondió bellamente:

“los pequeños anísculos legislan
dictan el código de la poesía
disponen cuidadosos sus artículos
y los metros y los tonos convenientes

a ustedes grandes asnos
les está prohibido conocer
los pájaros los vientos las señales
los otros vivos de los ritmos futuros”

En “Sucede” ocurre algo parecido. Ya leímos el texto de El pan duro, ahora nos toca el de Cólera buey, incluido en el capítulo 3, Partes:

SUCEDE

asaetado el delirante
contento de prez
alza la cola el vuelo su caballo
repite su color

¡ah gran caballero delitento
toda colez para al alzor!
¡qué amor para estos días!
¡qué repeteado su vuelísimo!

¡acaballáramos el tiempo y es lo mismo!
¡piafáramos paciencia
como pacallos que mismáramos
todos los animales de la sed!


          En lo que respecta a los otros ocho poemas que aparecen en la antología El pan duro y que se incorporan a la edición definitiva de Cólera buey, podemos marcar algunos datos por lo menos curiosos. El poema “Ars poética” pasa a llamarse “Pars poética” formando parte del capítulo Partes. Del capítulo 5, Otros mayos, aparecen tres poemas, uno de los cuales pasa de titularse “Esta carta” a denominarse simplemente “Carta”. Hay cuatro poemas más que se incluyen en Cólera buey: “Épocas”, “Los amigos”, “Constancias” y “Gotán” (entre comillas en el original). El poema “Gotán” de El pan duro fue corregido posteriormente por Gelman. La versión de la antología es así:

“GOTÁN”

yo no escribí ese libro, en todo caso
me golpeaban me sufrían muchísimo
me sacaban palabras como sangre
yo no escribí ese libro, entiéndalo

así, estará mejor o muy peor
visto no más que la poesía
gira en sus propios brazos, nada
teniendo al fin que ver con ella

a ver testículos los míos vuelen
pero a ver sí se dejan de doler
hay que dejarme solo furia
bajo mis capas de tabaco

hay que dormirme el corazón
el dulce no da más
bestias de amor que me lo comen
yo nunca escribí libros

          Gelman ha expresado que él escribe poemas, por eso ese “yo nunca escribí libros” cobra un significado especial. Si Gelman escribió libros o solo poemas que luego formaron parte de libros es un tema que supera este trabajo, aunque sería interesante intentar analizarlo en algún momento. Veamos ahora el poema “Gotán” como aparece en el capítulo 2, Cólera buey, que también da nombre al volumen.


“GOTÁN”

yo no escribí ese libro en todo caso
me golpeaban me sufrían
me sacaban palabras
yo no escribí ese libro entiéndanlo

así, estará mejor o muy peor
visto nomás que la poesía
gira en sus propios brazos nada
teniendo al fin que ver con ella

a ver testículos los míos vuelen
pero a ver sí se dejan de doler
hay que dejarme solo furia
bajo mis capas de tabaco

hay que dormirme el corazón
el dulce no da más
bestias de amor que me lo comen
yo nunca escribí libros

          Posiblemente, el poema publicado en la antología del grupo de poesía El Pan duro, haya surgido de una versión no corregida por Gelman, leída y entregada a alguno de sus compañeros de militancia, y se haya editado sin el consentimiento de Gelman. Pero esto no podemos saberlo. Los cambios entre un poema y otro están dados, más que nada, en tachar lo que está de más, lo que es innecesario, y algún otro cambio formal que da una mejor respiración al texto.

          De 1962 es el libro Gotán, que incluye un poema del mismo nombre (en este caso sin comillas), y que reproducimos por ser uno de los poemas más populares de Gelman:


GOTÁN

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.

          Para finalizar, en la librería de 42 entre 1 y 2 conocí a un empleado (ahora lamento haber olvidado su nombre), unos diez años más grande que yo que rondaba los 20; no era de extrañar que este flaco notara mi asidua concurrencia a la librería y el tipo de material que elegía, por eso es que fue guardando libros que acobachada en rincones inverosímiles (en realidad yo hacía lo mismo, porque no siempre tenía el dinero para la compra). Eran tiempos de la dictadura cívico-militar. Un día dejó de trabajar. Aunque no mucho después y aún en dictadura, esperando el colectivo en Centenario y Cantilo de City Bell, se detiene un auto, y reconozco al muchacho del volante, el flaco de la librería. Por supuesto, subo y me lleva hasta La Plata. Puso un casete de Silvio Rodríguez. Digo el nombre del trovador cubano, y el flaco me responde “Yo sabía que con vos no me había equivocado”. Ahí me cuenta que era guitarrista, que había tocado con César Isella y también con ¡Silvio Rodríguez! Le paso mi teléfono, llama un par de veces, aunque nunca más nos volvimos a ver. Aun espero encontrarlo para decirle lo mucho que le agradezco todos esos libros que guardó para mí.


City Bell, 16 de enero de 2014.-
Fotos con dedo incluido: JMP.-