29/7/09

El espíritu ligado

Hay regiones donde habita. ¿Interior? El sonido de una armónica abraza la mañana. Caricia. Luz, irisada. ¿Hay despedidas?
No se despide
quien
no
se
va

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© José María Pallaoro
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28/7/09

Las hojas (Niños)

1. Hoy un viento. Despierta, las libera. ¿Qué palabras viajan en su silbido? ¿Qué susurran ellas? Amarillas, doradas, rojas, de a una, únicas, abandonan la casa.
Viven.
Mueren.
¿Adónde van?

2. El viento las esparce por el mundo. Las une. Las separa. Juntas. Distantes. ¿Son parte
de la vida?

3. Con un trazo pintan, manchan. El ciprés. Amarilla. Dejan penetrar. Luz de sol nuevo.

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© José María Pallaoro
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26/7/09

La casa de todos

Uno. Dos. Mundos. Del mercado. De los desamparados. ¿Hacen tres? ¿Uno solo? ¿Ninguno? ¿Cuál de ellos es la casa de todos?

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© José María Pallaoro
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24/7/09

Ocaso


Ocaso

El mar 
abraza 
hondamente

Hubo un pájaro

Una barcaza
amarilla 
se aleja

La mitad
de una naranja
sola
flotando
se acomoda
en la arena 

Quieta
encallada

La sombra errante 
de un pájaro
la vela

Foto: jmp
© José María Pallaoro

18/7/09

Gabriel



La balada que cruza la calle
deja el amor el odio
la desdicha dicha de vivir

Se pierde en una esquina cualquiera

Sin amarguras ni resentimientos
cambia de barrio

No se la escucha más


i.m. gabriel báñez
city bell, 08 07 09



Foto: Archivo de la talita dorada

15/7/09

Lo que no importaba


Mi madre era joven y hermosa; tan joven y hermosa que muchos pensaban que mi hermano mayor era su marido. En esos días la escuchábamos reír. En esos días la dicha era cierta. La muerte no nos importaba.

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Foto: Álbum familiar.
© José María Pallaoro

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9/7/09

Las ratas

Les doy de comer todos los días
a la mañana y al atardecer
ellas me agradecen bailando debajo del techo frío
yo sonrío y duermo
satisfecho del deber cumplido


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© José María Pallaoro

7/7/09

Paraguasol


Me preocupo por cosas sin importancia. Como arreglar un paraguas al sol. Pájaro que oscurece la tarde.




Foto: Jmp

30/6/09

Decires


Persiste la sensación
no todo lo dicho es suficiente

palabras que nacen prematuras
muertas las convicciones de su decir

antes de haberse encarnado en la piel

esa piel que se aja como papel húmedo de sol


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Foto: jmp. Álbum familiar.
© José María Pallaoro

23/6/09

Hablar y preguntar



Dice que quiere hablar. Con su sobrina. La sobrina mayor, que es casi de su edad. Ella era la confidente de su madre. Quiere hablar y preguntarle. Quiere saber si es cierto lo que le contó. Que nunca pensó en casarse con su padre, ni con nadie que portara ese apellido. Lo extraño es que se terminó casando con dos. Pero también dice que dijo que Luis fue tan bueno que al final llegó a quererlo. Por eso dice que quiere hablar. Hablar y preguntarle.


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Foto: Álbum familiar. City Bell, 21/04/1947. Casa de calle 21.
© José María Pallaoro

15/6/09

Elementales leches


No hay que buscarle el pelo a la leche: la abstinencia se lo llevó por delante. El Bebe Gasparino ingresó a alcohólicos anónimos catorce días antes que lo atropellara un camión de la Serenísima.


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Foto:”LA UNIÓN” PALAORO Hnos. Álbum familiar.
© José María Pallaoro

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11/6/09

La comida frugal


Había trenes, pero no todos los días. Dos de ida y dos de vuelta. No sé qué días. Los pobladores iban a proveerse de diarios y revistas. Además traían en el furgón tomates, papas, batatas, zapallos, formas de felicidad. Un día iba solo a caballo, en el picasso, y yo era un aficionado a la uva. Me compré un cajón de cinco kilos. A un peso veinte el cajón. Yo iba en el picasso, iba al tranco comiendo la uva, hasta que me harté, y el resto del cajón llegó hasta la casa. No sé cuántos kilos de uva comí. Había de dos clases: doradas y negras. Esta era negra. El picasso al tranco, el cajón en el anca.

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Foto: Álbum familiar.
© José María Pallaoro
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17/5/09

Pirulín, junio de 1956


Yo estaba arando, ahí, enfrente de la calle; y los de allá mataban y repartían la carne. A eso de las cinco de la tarde pasa el carnicero, y recuerdo que la colgué en un poste. Faltaba poco para dejar de arar. En una de esas miro para todos los costados y no estaba la carne. Y la Mama esperaba. Y lo veo al Pirulín, un perro que teníamos, y veo la carne. Los dos juntos, encarnados. Agarré el hacha y de canto le pegué un golpe que lo dejé tirado para siempre. Giro así con el arado, y lo tapé con tierra. Esa noche, preocupada, tal vez, por si me aceptaban o no en la Academia, no dijo nada. Pero a la noche siguiente preguntó: “Qué habrá pasado con el Pirulín que no lo vi en todo el día”. Y yo, en mí adentro (yo en ese tiempo era medio cruel), decía: “Pirulín, dónde estará. Y… desapareció, tras una perra seguramente.”

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Foto: Álbum familiar.
© José María Pallaoro

9/5/09

La nada que se ahoga, 2001



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El aire a veces falta. En la casa, se abren ventanas y puertas. Los insectos se abstienen de entrar. Acaso comprendan el vacío. La nada que se ahoga.

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Foto: jmp
© José María Pallaoro
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30/4/09

Madres, 32 años



CEIBO

Las Madres machacan
en el mortero de la verdad
los despojos de la corteza
y cuecen el fruto
para soportar la herida
y preservar la memoria

Pronto florecerán en racimos
sus flores de abrasador carmín



1985
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20/4/09

HIJOS





Tuvieron sueños. En verdad los tuvieron. Ahora raíces, desperdigadas, por tierra, por río. En sus hijos.


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4/4/09

Margaritas, 2009





Estamos en la cocina. Mira viejas fotos y sonríe. Le convido un mate y cariñosamente dice que después, que ahora está caminando por calles reconocidas. Tomo el mate que le convidara y sigo leyendo el libro que dejé sobre la mesa. Es un libro de poemas de un amigo de Buenos Aires. Tiene un nombre de mujer el libro de mi amigo. Pero no es el tuyo, le escucho decir. No, no es tu nombre que se repite una y otra vez. Tendré que deshojar la margarita como ella deshoja las fotos que sacamos hace apenas un rato de una caja de zapatos.


Foto: Álbum familiar.

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14/3/09

Avestruces, 1977



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Desde la oscuridad de la tierra, miran un cielo de nubes, estáticas, muertas.

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Foto: jmp.
© José María Pallaoro
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28/2/09

Un tipo orientado





Esto fue por el año 1943 más o menos. Y todavía me pregunto cómo pude abrir esa puerta y en cómo perdí el sentido de la orientación. Yo que siempre fui un tipo orientado. Iba a visitar a Exaltación, un sábado, y el domingo tenía que ir al cuartel en Campo de Mayo. Así era la cosa, un amigo, compañero del Colegio San José de Rosario, del que seguramente habrán oído hablar, un tal Pagura; resulta que el susodicho trabajaba en una fábrica de muebles llamada Cavarossi, así nomás, con doble ese. Pagura vivía en pleno centro con otro muchacho, yo no llegué a ir a esa pensión porque trabajaba. Venía por la Nueve de Julio y ahí en Avenida de Mayo me cambiaba en lo de Pagura, y venía a City Bell. Esto era el sábado; al día siguiente, volvía; en ese tiempo estaba el Expreso Buenos Aires. Yo me cambio y Pagura me da la llave para que pudiera entrar. Voy a City Bell, hice todo lo que tenía que hacer, vuelvo, bajé, agarré la llave que me dio Pagura, y trato de abrir la puerta, y no abre. Una y otra vez intento, y la llave entra mal, no gira. Media hora intentando abrir y pensando de este amigo mío, Pagura, pienso de Pagura, este turro vaya a saber qué llave me dio. Media hora queriendo abrir, y pensando, y puteando por lo bajo. En una de esas llega un señor con la llave correcta, y abre. Subo al segundo piso y lo primero que veo al abrir la puerta, porque la puerta la abrí, veo, no sé… Salgo disparado, bajo, y me pongo a reflexionar en la entrada del edificio, para sacarme el tema de encima ¿viste?, y llego a la conclusión de que me equivoqué de entrada. Miré mejor y me ubiqué; abro la puerta, subo, vuelvo a abrir, y veo a Pagura que está durmiendo, ahora sí, entre sábanas inmaculadas.



2002.
Foto: Nerino Pallaoro en sus años mozos, haciendo puching.

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4/2/09

City Bell, 1973



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Las ventanas nunca se cerraban. No existían rejas ni mosquiteros, y los gatos entraban y salían a su antojo. Las ventanas eran las puertas de animales que no asesinaban.

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Foto: jmp
© José María Pallaoro

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