19/11/10

La tercera es la vencida, en diario Diagonales, La Plata, 19 de noviembre de 2010


LA TERCERA ES LA VENCIDA

El escritor y poeta José María Pallaoro también contó su anécdota a Diagonales. Lo dijo así:
La tercera es la vencida, 1
(La Plata, 1990) “La vida te da sorpresas” cantaba el panameño, pero esto es argentina, para ser más precisos un lugar donde La Plata escasea (…) Pero cierto es: te vi desde el dos siete tres transitando el lado incorrecto de la avenida que hacia honor a tu trasero (no sé si los números signifiquen algo pero no recuerdo adónde iba). Por esas cosas de la poesía, y de que el espacio es tirano aún en la poesía, me encontraba corriendo a la sombra de vos en profunda levitación sobre el pavimento, derritiéndolo absolutamente todo, a tu paso apresurado tu pelo amarillo y dorado y real se retorcía audazmente en la chaqueta negra de cuero y tus caderas y tus caderas y tus caderas que me hipnotizaban, exhausto, con la lengua recogiendo las piedras del camino, intentaba ponerme a tu par de mejores imposibles cielos, y tentado de decirte algo acerca de esas nubes hechiceras de lágrimas de porvenir (…)y ya estabas adentrándote sin siquiera percibirme (y eso que era pura adrenalina) a la Facultad de Bellas Artes (Ella
o sea
vos eras todo
el Arte
en profunda
Belleza), y quedé fuera de tu vida, en la plaza del fundador de ciudades y mujeres perfectas, cobijado bajo un desvestido tilo sin posible infusión herbácea, esperándote, con una única tuca salvadora y un cigarrillo y otro y otro y otro más.

La tercera es la vencida, 2
(La Plata, 1990) “Sorpresas te da la vida, ¡ay dios!” en la estación con nombre de exterminador general asesino (…), en la marcha contra el indulto (porque el Turco nos cagó, la sinécdoque no cuenta en este caso) yo te vi mientras parecías esperar la llegada de compañeros te vi, en un viaje de sitios de encuentro para reconocer los rostros de la solidaridad te vi, (…) dejando la retórica de lado te comencé a buscar por los vagones, desde el último hasta el que te encontré, y ahí estabas vos, sentadita y sola en este baile que es la vida y dudé qué hacer o decirte y solo acerté sacar del bolsillo de la camisa (el más cercano al corazón) uno de esos caramelos de varilla con universo de menta alrededor y te lo ofrecí, y aún sorprendida y con esos tus ojos que, tal vez, me descubrían por primera vez te dije que era tuyo, que yo (la palma de la mano en el pecho) te lo regalaba. Y como un tonto me fui sonriendo hacia otros rincones de la soledad, completamente feliz a completar lo importante de este día, dueño absoluto del mundo.
La tercera es la vencida, 3
(City Bell, 2010) Aún no se escribió, y aunque grandecito no pierdo la esperanza, sé que está cerca, muy cerca, tiene, claramente, los ojos y el pensamiento y el deseo de la mujer más bella de mi ciudad.

En diario Diagonales, La Plata, 19 de noviembre de 2010.

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